7/4/15

Postdedicatoria: Paola y la décima musa.


"Postdedicatoria: Paola y la décima musa" va dedicado a una bloggera de moda italiana muy especial, se llama Paola Lauretano y es el alma de "Express yourself" (ver aquí), mi blog de moda de cabecera. Tiene estilo, es atrevida, original, femenina, racial... No se me acabarían los adjetivos, pero resumiendo os diré que es una mujer increíble, igual de guapa por fuera que por dentro. Me pidió su postdedicatoria y aquí la tiene, si alguna queréis hacer lo mismo que ella, al final del post os digo como hacerlo.

¡Espero que te guste Paola, está escrita con todo mi cariño!


"Paola y la décima musa."

Se sentía incómoda dentro de ese cuerpo, las tirantes coletas, los leotardos y ese vestido de princesa con el que apenas podía moverse, estaban acabando con su paciencia. Movió un poco su naricilla y vio como su mami tropezaba. Sonrió, una pequeña recompensa con la que impartía su justicia. Dezima era así rebelde, indómita e imprevisible. La décima hermana, la décima hija, la décima musa. 

—  ¡Qué poco conocen de nosotras, las musas! — Se decía siempre que escuchaba a algún mortal nombrarlas. No se ponían de acuerdo sobre su genealogía, para algunos ellas era hijas de Zeus, para otros de Píero, de Apolo o incluso de Éter. Pero su historia se perdía en el tiempo mucho más atrás y su linaje provenía directamente de Urano y Gea. Tampoco acertaban en cuanto a su número, tres como las cuerdas de la lira, cuatro como las hijas de Apolo, siete como las de Píero y nueve como rezaba el gran Homero. Hesíodo les puso nombre Clío, Talía, Erato, Euterpe, Polimnia, Calíope, Terpsícore, Urania y Melpómene y así las reconocieron en todo el mundo. ¡Pero no a ella, a ella no! Porque ninguno estaba en lo cierto, y nunca fueron nueve sino diez. 

Dezima era la más pequeña y la menos conocida de todas. Su nodriza Eufeme siempre le repetíaal pie del monte Helicón, que había nacido a destiempo, pero que no se preocupase...

—  ¡Algún día brillarás como te mereces mi niña, confía en tu don! — Y es que era imposible superar la poesía de Calíope, la gracia de Talía, la danza de Terpsícore o la sabiduría de Urania, cuatro de sus hermanas mayores. Todos les rendían tributo, las evocaban como inspiradores recuerdos y deleites del corazón o las relacionaban con las bellas artes. Menos a ella que era ignorada, pues nadie conocía su nombre. Únicamente fue invocada tres veces como Energeia, cuál Safo o para rendir tributo a Sor Juana Inés de la Cruz, pero en ninguna de esas ocasiones se habló de su verdadera naturaleza. Y es que Dezima no representaba ninguna de las artes de rango superior, lo que provocaba la burla de sus hermanas. Ella regía las artes aplicadas que se enraizaban en usos cotidianos, en objetos que inspiraban a los hombres en su día a día.

Se subió los leotardos de nuevo, no aguantaba más. Tenía que buscar otro huésped. Miró a su alrededor pero no vio nada, la brisa golpeó su rostro y se mezcló en ella, dejándose llevar. Sabía que no debía hacerlo, cada vez que se convertía en brisa y volaba sin rumbo acababa metida en algún lío. 



La corriente de aire que tomó, la llevó muy Iejos, hasta la verde Irpinia al sur de Italia. Podía ver colinas soleadas, manantiales, grutas, ríos, bosques verdes, vides y olivos; una tierra fecunda y preciosa. El viento cesó de golpe y Dezima se dio de bruces contra el suelo, nunca calculaba bien esos aterrizajes. Escuchó la corriente de agua que movía la cascada, levantó la cabeza y susurró. El agua le respondió:

—  ¡Calore, Calore! — Ese era el nombre del río que discurría por el imponente puente de piedra que tenía frente a ella. Prestó de nuevo atención y esta vez fue el río el que acudió en su ayuda. Le habló y le contó que se encontraba en Montella, en el puente de la Lavandaia desde el que podía contemplarse una imponente cascada. El paisaje era impresionante pero algo captó la atención de Dezima, imponiéndose sobre ese espacio natural inigualable. Una mujer morena de larga melena y grácil figura se sentada en el muro del puente. Se movía sin esfuerzo, como una suave ráfaga de viento. Era hermosa, muy hermosa. Vestía vaqueros skinny, botines de piel, un abrigo con un chaleco de piel, sombrero y un jersey de cuello alto, todo en tonos camel. Ella posaba y el fotógrafo la retrataba, capturando ese magnetismo difícil de explicar y que no todo el mundo posee. Suspiró. Era lo que estaba buscando, ella lo tenía. El ruido de un motor la sobresaltó y su recién descubierta desconocida se subió al mismo alejándose de allí. Dezima no corrió, no lo necesitaba. Descendió hacia la vereda del rió, se descalzó y refrescó sus pies en las frías aguas, el susurró se escuchó de nuevo. 

—  ¡Se llama Paola, búscala en Avellino! — Ella agradeció al río su auxilio con una canción y emprendió camino. Dezima, la más pequeña de las musas, inspiraba a muchos profesionales, así el diseño, la moda, la fotografía o la publicidad, eran solo algunas de las disciplinas que guardaba. Pero de vez en cuando también compartía su don con personas especiales que personificaban la esencia de cada una de esas artes, y Paola era una de las elegidas.

Llegó a Avellino a mediodía, como una frágil mariposa, pero para recorrer sus calles tomó forma humana y se mezcló entre la gente. Era una ciudad impresionantemente verde, con profusas arboledas y calles tejidas con la historia de cada uno de los pueblos que habían dejado su huella en aquel lugar... Oscos, etruscos, griegos, romanos, godos o longobardos. Y como reza el dicho, no hay un pueblo irpino que no tenga algo que contar, por lo que se empapó de sus costumbres y de la vida de aquella ciudad abrazada por los montes Picentini. Recorrió sus plazas, deteniéndose en la de la Libertá. Subió a lo alto de la torre del reloj en la plaza Amendola, que dominaba la ciudad. Se refrescó sin ser vista en la fuente de Bellerofontedescansó en las ruinas del Castillo e incluso visitó el Santuario de Montevergine de la virgen morena, la Mamma Schiavona, que todo lo acoge y todo perdonaPero no encontró a Paola.


Cansada de la envoltura humana que soportaba toda la jornada, tomó la de una elegante gatita blanca que dormía sobre un banco de madera. No tardaría en caer la noche y debía buscar refugio. Un silbido la sobresaltó, una dulce voz llamaba a la minina.

—  ¡Poli, Poli...! Dove sei? — Casualidad ésta se lamaba Poli, ¿podría ser el diminutivo de Polimnia? Una de sus hermanas, la más devotas de todas. Tenía que hacer esfuerzos para controlar aquel cuerpo así que se rindió a él y corrió hacia la aterciopelada voz que Poli anhelaba encontrar. Entonces la vio, era Paola la que la estaba llamando. Poli se enrolló en sus piernas ronroneando y ella la cogió en brazos. En ese momento Dezima rozó su corazón y pudo verla por dentro, era muy hermosa... 

"Su color favorito era el rojo, aunque cualquiera tono fuerte y encendido cuadraban con su belleza racial. Le encantaban las flores y los girasoles eran sus favoritos, éstos encerraban fidelidad, amistad incondicional y luz, la de Paola que al igual que esa flor, se encendía al estar en contacto con el sol. Era golosa y no se resistía a un buen dulce, mucho menos si éste era de chocolate, su gran debilidad. Amaba su preciosa ciudad, aunque no hubiese nacido allí sino en Roma. Y velaba a su familia y amigos."

Dezima abandonó a Poli y se colocó frente a ella, se elevó y giró su alrededor tres veces. Después dibujó una "X" en su frente y sopló. Paola sintió como una suave brisa la recorría de arriba abajo y se llenó de energía. Sentada sobre las ramas de uno de los árboles del parque, vio como Paola se alejaba con Poli en brazos. Ella lo tenía. No era solo belleza, ni atractivo, sino una cualidad diferente difícil de describir. Esa fuerza magnética, esa confianza, esa personalidad arrolladora, indiferentes al efecto que producen. Un lenguaje propio, un glamour innato y una forma muy personal de expresar la moda. Eso que atrae a los demás y que inspiraría a muchas mujeres...

Cerró lo ojos y descansó mecida por el arrullo de los árboles, "ro, ro, ro.." repetían todos para acunar a Dezima que sonreía satisfecha.

¡Para mi cara amiga Paola de Express Yourself, con todo mi cariño!


¿Queréis vuestra Post-dedicatoria?

Espero que "Paola y la décima musa", os haya gustado. Paola tuvo la suya, y si alguno queréis vuestra post-dedicatoria, es muy sencillo, solo tenéis que...:

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Mujer después de los 40

10 comentarios:

  1. Pues que bonita idea, y que blog más estupendo que nos enseñas. Comparto contigo la opinión sobre la bloger es estilosa y guapisima y tu entrada como siempre llena de ingenio y talento. Te sigo hace tiempo no se si atrevés de GFC o otra pero estas entre mis blog de escritorio jaja. De nuevo enhorabuena por la entrada un besín.

    Bellepoque a toda Vela

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    1. Gracias por tus palabras Belén, la verdad es que Paola es impresionante. Un abrazo :D

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  2. Respuestas
    1. Gracias Aisha, me alegra verte por aquí. Un abrazo.

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  3. Me encanta la idea del postdedicatoria, eres muuy ingeniosa!!!! Luego lo leo tranquilamente....Antes de entrar en tu blog te he seguido por g+ Iba a seguirte igualmente por face y Twitter. Todo esto es por que me gusta mucho tu blog y tu!!
    Un beso guapa!

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  4. Encantadora Cristina !!!! Cariños y un abrazo

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    1. Me alegra que te guste, al final le estoy cogiendo gusto a esto de las Post-dedicatorias. Un abrazo y sonríe un poco más :D

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  5. Non ho parole per ringraziarti Cristina, questo post è bellissimo, il tuo racconto è coinvolgente!!!!!
    Sono emozionata e ti ringrazio di cuore!!!!!
    Kisses, Paola.

    Expressyourself

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    1. Me alegra mucho que te haya gustado, está escrito con todo mi cariño guapísima. Un abrazo :D

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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